Despójate sin prisa de tu atavío, hazlo lento y entre penumbras, entona tus pasos y dales norte hacia el aposento de la furia entenada. Busca el ojo de éste arrabal, palidece en jadeos exhaustivos que nada importa más ya pues tus gritos gozosos se funden en el vapor de nuestras membranas permeables. Ése aroma tan extraño, cómo describirlo, cómo escribirlo, cómo olvidarlo, cómo estropearlo, no hay más que expropiarlo y fugarlo hasta el coxis, te recorro cual mapa de viaje sin horarios, sólo con deseo, con ansia, sin temor... firmes mis brazos entre todo éste alboroto, te meces de ellos como si en éstos se te fuera la vida, rasga y jadea, jadea, bebe. No tenemos prisa ya te lo he dicho, más nos sabemos prófugos de Viena.





