Se adelantan. Media hora antes de lo planeado, los primeros marchistas aparecen en escena. Representantes de los medios de comunicación, el señor Kuri que anda buscando chamba, artistas, políticos, deportistas, son los primeros en aparecer. Me pregunto ¿cómo es posible que desde esa perspectiva tengan una buena visión de la gente? No, es que lo que tú no sabes, es que nada más se trata de marchar. ¡Ah OK! Pero ahi van, como protagonistas del evento, en lugar de ser los relatores del mismo. 5.30pm, los de adelante avanzan. Acto seguido aparecen los primeros ciudadanos, la gente común. Muchos arrastran carreolas de bebés. TV Azteca, poniendo el desmadre con sus mantas a lo largo del Paseo de la Reforma, Paola Durante en entrevista, Adal Ramones como en alfombra roja, firmando autógrafos, Maribel Guardia con sendos lentes Chanel y abrigo Prada. Una mamá lleva una cartulina haciendo alusión a que su hijo de 10 meses necesita crecer en un mundo sin violencia. La marcha sigue. Curioso, contrario a lo acordado, la marcha no se desarrolla en silencio. La gente camina en feliz chorcha. Parecía más un happening clasemediero, que una silenciosa petición para frenar la violencia. La gente está divertida, la gente parece no tener preocupaciones. Todos conversan, familias enteras caminan ocupando los carriles de la avenida. En medio del contigente desfilaban vendedores ambulantes de Bon Ice, raspados, papas, pilas, congeladas, helados, impermeables, paraguas, refrescos, tortas, etc.
Era uno de esos espectáculos de nuestro México surrealista: las clases más o menos acomodadas marchando para pedir que sus privilegios sigan intactos, las clases bajas también presentes pero ajenas a ese espectáculo y tratando de ganarse el pan de todos los días.Bienvenidos a la realidad. Tal vez deberíamos estar marchando por el término de la pobreza que es el caldo de cultivo del crimen organizado. Pero no, nadie de los ahí presentes parece darse cuenta de que a su lado marcha el origen del problema. Hay una ignorancia total al respecto. Mientras tanto, ocurre de nuevo, secuestradores impunes y vivaces se mofan, ríen y cobran un rescate paralelo al efímero desfile, en pleno Centro Histórico. Los marchistas se dispersan alrededor de una circunferencia dispuesta alrededor del asta en la Plaza de la Constitución, suenan las campanas, se entona el Himno Nacional Mexicano. Las velitas iluminan. Me sorprende que cuando comienza el Himno Nacional, este no se canta a pecho, con emoción. Parece más un leve y tímido murmullo. Pero esta aparente timidez con la que se canta nuestro Himno también es producto de otra cosa: No lo saben completo. El "Guerra, guerra" o el "Patria, Patria" son literalmente balbuceados por muchos de los presentes. ¡Que civismo!. Se suponía que el Himno Mexicano se convertiría en un grito que resonara por el primer cuadro de la Ciudad. Sin embargo, apenas y es un leve susurro. Al término del mismo algunos aplausos, un par de vivas al País, el televisivo "si se puede" y... bye bye. La marcha se acaba. Nos vamos.
El término "asociación efímera" nunca me había parecido tan adecuado. Efímera ha sido la marcha. Esa masa se ha disuelto. Y no ha pasado nada. No hubo propuesta, no hay un movimiento ciudadano permanente, y de hecho me parece que tampoco existe la intención de hacerlo, de crearlo. Sin contar claro, al oportunista Kuri, que anda buscando chamba.
¿Por qué ha ido la gente? ¿Por que quizá algunos están asustados por las cosas que "nunca antes se habían visto en México"? (tal y como una señora que caminó junto a mí y quien dijo: "Estoy aterrada por que mis hijos salen de noche, esas cosas que pasan, no pasaban antes aquí").
Porque un día vimos la televisión y ahí nos invitaron a participar. Porque quizá en lugar de cuestionar, se prefiere marchar como masa homogénea sin cabeza. (Tal y como lo decía el spot que invitaba a marchar en todo el país). O tal vez porque mis amigos, mis papis y mis abuelitos iban a ir y yo no podía quedarme atrás. O porque el Padre o el Pastor de la Iglesia nos pidieron que vayamos. O porque soy Scout y como tal, tengo que ir. No lo sé.La heladería que nos recibió a mi amiga y a mi al principio de la tarde, está ahora abarrotada. Es simple: hay que refrescarse después de participar. La gente camina a sus autos. Una chica llama por celular mientras dice: "entonces, ¿a las 11 en el Imperial, no? (El after de la marcha, si ibas de blanco no pagabas cover). Y un padre de familia, rodeado de varios niños les espeta: "Ya sé, vamos a cenar al Italliani´s)".
Yeah, right....el espíritu cívico ha decidido retirarse demasiado temprano. Ahora todos regresan a la normalidad de sus vidas. Hablarán quizá una horas más de los decapitados o de algún esporádico asalto y otras noticias nos ocuparan en los próximos días. Como el 2do Informe de Gobierno, o que Calderón se fracturó. Camino entonces a mi auto pensando en estas cosas, cuando un vendedor se cruza conmigo. "Un refresco jóven"- me dice. "No gracias"- le contesto. Se retira entonces, continuando con su vida de todos los días. Y ahí va, tratando de vender para comer, ajeno completamente a que ha sido un testigo más del fracaso de la marcha ciudadana. Una ciudadanía que también parece empeñada en ignorarle completamente.
La ciudadanía se ignora a sí misma.Aún así, lo veo medio lleno.




