lunes, 29 de octubre de 2007

Yo 1.- ¿Te acuerdas de aquellos tiempos, hará ya unos tres años, cuando no pensabas tanto en lo que escribirías en tu blog, cuando parecía que escribías por escribir, que al final solamente importaba eso?

Yo 2.- Soy malo para recordar. Si acaso tengo la impresión de que entonces no importaba que nadie me leyera. Que escribir era meramente un acto de exorcismo.

Yo 1.- ¿Y qué pasó entonces?

Yo 2.- Nada pasó. Sigo escribiendo por exorcizarme, y además también continúo pensando que me leen pocos, los que pierden o los que saben lo que es perder. Según Federico, mis lectores llegan aquí porque se han perdido, porque encuentran divertido mi dolor, o porque hacen sus apuestas sobre el tiempo me ausentaré luego de cada escrito que subo. Si acaso, vale la pena decirlo, me cambié de país y de gente. Y creo que al hacerlo también, de alguna forma, me mudé de mí mismo. Me explico: Soy un Yo que, a últimas fechas, se alimenta únicamente de nostalgias. Al fenómeno le llamo “saudade berlinesa”.

Yo 1.- ¿Y hay alguna explicación de ello?

Yo 2.- No. Creo que no. Al menos no una válida. Cuando mucho el hecho de que aquí, aunque uno juegue al imbécil y pretenda otra cosa, la realidad es que se vive entre fantasmas. Se despierta, se come y se baña, y se toma el café de la tarde rodeado de fantasmas. Sobre todo en otoño. Las noches caen ya a las seis de la tarde, y a esa misma hora los cuervos empiezan a graznar. Es entonces cuando la melancolía se cuela y los fantasmas también. Y entonces uno cree que el ambiente se presta por completo para que uno vomite una obra maestra, pero lo único se vomita son recuerdos y nostalgias. A veces eso está bien, pero al vomitar en exceso uno corre el peligro de volverse loco, en el mejor de los casos.

Yo 1.- ¿Y en el peor?

Yo2.- ¿Y todavía preguntas?, ¿A estas alturas no te parece obvio que el peligro más grave que amenaza a los padecientes de la “saudade berlinesa” es que el día menos esperado podrían despertar transformados también en fantasmas?

Yo 1.- Ah, ¿como Gregorio Samsa?

Yo 2.- No, como Kafka.

Yo 1.- ¿Y piensas que hoy corres con ese riesgo?, ¿crees que mañana ya no serías tú-yo, sino un fantasma más, un fantasma que se pierde entre los miles de fantasmas que habitan Berlín?

Yo 2.- Definitivamente. Hoy sería así si no fuese por dos cosas que, sin esperarlo, me han salvado. Al menos por unas horas más.

Yo 1.- ¿La poesía?

Yo 2.- Indudablemente… la poesía y PJ Harvey. Ambas hacen a ratos la misma cosa: condenarnos para salvarnos.

Yo 1.- Aunque sea solamente por unos minutos más.

Yo 2.- Sí, aunque sean minutos, segundos, tiempo…