sábado, 15 de marzo de 2008

No soy escritor.

No me considero escritor, porque no lo soy, sólo cuento cosas, divago. Pero eso sì, SOY UN HOMBRE DE EXCESOS.

El escritor borracho tiene ese prestigio decadente que le asegura la inmortalidad. En especial si muere ahogado por su propio vómito y deja inconcluso algo que apuntaba a ser obra maestra. Como nunca lo terminó se le da el beneficio de nuestra admiración.

El escritor drogadicto, experto en mezclar sustancias y pasar veinte años perdido en la conciencia expandida, también adquiere prestigio. Y más si practica el tiro al blanco con su novia.

El escritor fumador, más modesto que los anteriores, tiene aire de exiliado, de incendiario, de neurótico asumido… el cigarro en la mano siempre da credibilidad.

Menos frecuente es el escritor adicto al juego, pero siempre te sugiere Vegas, Montecarlo, casino, rubia tonta recargada en el hombro. Un playboy, vamos.

Favorito de muchos, especialmente de sí mismo, es el escritor adicto al sexo; sobre todo si tiene con quien practicarlo, y mejor si es con varias musas de porte enfermizo y belleza desquiciante que además practiquen sin límite todos los vicios anteriores.

mmmm despuès de todo tal vez si sea escritor, no por mis letras sino por mis actos.