Re-leí este libro hace poco, o sea que lo leí de nuevo, muy bueno. Un remanzo de literatura y cocaína a la vez, 2 grandes pasiones, un vicio, mas que el otro, la verdad es que se forma como dipsomanía, un rato sí y otro no, pero en general caes en excesos, tal como Violetta, mala chica y protagonista de esta historia, quien fuera su puerquito, mátame. En fin
¿En quién puedes confiar?, ¿Cuantas personas, digamos, de cada cien traen un puñal escondido en la espalda?, Confiar en alguien es como tirar los dado y cerrar los ojos, casi con ganas de que a todo se lo lleve el diablo.
Desde el principio hasta el final no hay una sola cosa recta, sólo es posible una pregunta. ¿Juegas?
Creo que de este libro no he hablado nada en este blog, bueno… es de Xavier Velasco, uno de los autores a los que idolatro y le tengo un altar en mi cuarto. Trata sobre Violetta, una chava que a los quince años les roba más de cien mil dolares a sus padres y se pela para New York, ahí hace de todo. Roba, se prostituye, se droga y sobre todas las cosas, gasta dinero, cash, los bucks son su Jesús. También trata sobre Pig, aunque él no es el importante en esta historia. ¿Qué me dejo esta historia? La verdad no sé, salvo que no puedo escuchar The Passenger de Iggy Pop, ni Media Verónica de Calamaro sin ponerme extremadamente nostalgico, además de desarrollar un aprecio hacía los corvettes amarillos. ¿aja?
“No lo puedo creer. La última vez que hice esto tenia un sacerdote enfrente. Y tenía una maleta llenísima de dólares, lista para salvarme del infierno. ¿Sabes diablo guardián? Te sobra cola para sacerdote y aun así tendría que mentirte para que me absolvieras. Tú que eres un tramposo ¿nunca sentiste como que se te agotaban las reservas de patrañas? Ya se que me detestas por decirte mentiras, y mas por esconderte las verdades. Por eso ahora me toca contarte la verdad. Enterita, ¿me entiendes? Escríbela, revuélvela, llénala de calumnias, hazle lo que tú quieras. No es más que la verdad y verdades ya ves que siempre sobran. Señorita Violetta, ¿podría usted contarnos que tanto hay de verdad en su cochina vida llena de mentiras? ¿Que hay de cierto en la witch disfrazada de bitch, come on sugar darling le me scratch your itch? Puta madre, que horror no quiero confesarme.
Ave María Purísima: me acuso de ser yo por todas partes. Ósea de querer siempre ser otra. Y hasta peor: conseguirlo, ¿aja? Me acuso de bitchear, witchear y rascuachear, de ser barata como vino en tetra-pak y al mismo tiempo cara como cualquier coatlicue traicionera. Me acuso de haber robado, no una ni dos veces si no a toda hora y en todo lugar, como chingado pac-man cocainómano. Me acuso de acusar al confesor por mis pecados, y de haberlo nombrado Demonio de mi guarda sin siquiera explicarte la clase de alimaña que estaba contrayendo. Porque a mujeres como yo no las conoces; las contraes. Como a los matrimonios y las enfermedades y las deudas. Ay, mi diablo guardián: dios te lo pague.”




