miércoles, 30 de mayo de 2007

pin-pon (es un muñeco)

Me gusta caminar. En días como este me pongo muy ansioso y dicen los doctores que la caminata ayuda a reducir los niveles de angustia, eso y las respiraciones pausadas, repartidas en tres movimientos, cada uno de tres tiempos.
En los primeros tres se inhala.
Pausa.Otros tres para mantener el aire dentro del cuerpo.
Y por último tres para una exhalación larga, reconfortante.
La técnica me funciona (permite una correcta irrigación de sangre por la cabeza) y la prefiero a las pastillas que no son tan agradables como para andarlas consumiendo diario.Pues andaba haciendo mis respiraciones este día de caminata, cuando me encuentro con la pieza de arte urbano aquí presentada.

Una ingeniosa colaboración entre, por lo menos, tres artistas del grafiti (la ortografía es correcta, la saqué de mi flamante ejemplar del Diccionario esencial de la lengua española que ahora utilizo hasta para buscar teléfonos de taquerías), checad y sabed.




Podemos apreciar el texto creado por el artista original con pintura negra y trazo gordo. Ha dejado un largo ¿guión?, ¿guión bajo? del mismo color, como invitando a que alguien termine la pieza. Ese alguien llevaba un plumón verde y un chingo de prisa, porque no acabó (a lo mejor alguna vecina salió a ver que los chamacos no anduvieran rayando la pared). Un alma caritativa se dio cuenta de que la obra estaba, como la Venus de Milo, sin bracitos, y decidió poner punto final.
La belleza del trabajo en equipo.
La svástica (chale, esa palabra no la encuentro) está pinche y la reprobamos; dudo, además, que la haya puesto allí un ario genuino: sus ánimos racistas habrían sido sofocados por toda la colonia.
La inclusión del cofre prueba mi nula habilidad como fotógrafo.