"He aquí el misterio: antes de empezar a olvidarse, tiene que acordarse, que empezar a acordarse."
A veces hace falta tener algo en que creer para no dejar que esos nombres se queden en la mente, yo conozco un amor eterno que no tuvo final feliz: mi abuela a sus ochenta y dos años puede presumirle a quien así lo quiera que se casó con el amor de su vida y que lo abandonó porque no soportaba la idea de saber que estaba con alguien más.
Así es: un día mi abuela, harta de tanta promesa barata, incumplida; dejó a mí abuelo, quién a pesar de ser un gran dador de consejos para mí, nunca negó sus pecados: la debilidad por las mujeres y el alcohol.
Ayer mientras cenábamos le pregunté a mi abuela si volvería a casarse con él y a vivir esos años de incertidumbre a su lado, desde que conocí a mi abuelo le hago [ a mi abuela] la misma pregunta, veinticuatro años lleva sin arrepentirse de su respuesta y es esa misma respuesta la que me hace creer en algo, no sé muy bien qué: las únicas cosas que valen la pena en la vida son de las que tienes que arrepentirte, aunque a veces el arrepentimiento te dure más.




