Ahora cruzas tu pierna y miras estas líneas sin entender nada. ¿Acaso esperabas que yo hablara del esplendor de tu cuerpo? el que por cierto me sé de memoria, ¿que hablara del mapa redondo y cálido de tus pechos siguiendo las mismas líneas, hasta tus muslos?
No..., más bien quiero mostrarte que los poemas no son nada, que no sirven. Ahora vé por algo de beber, una coca, un café...
Me encanta esa playera que usas, ¿cabello rizado o lo alaciaste hoy? ¿sólo lo recogiste?, ya no leerás las últimas líneas.
¡Carajo! sé que todo, siempre, está a punto de desaparecer.
Sin piedad dejas atrás un séquito de vana idolatría, eres tan espectacular
que no puedes ser mía nada más... tienes que ser de todos.
La piel, los labios y donde roza la bámbula serán mi prado, mi vergel.
Pero quédate, tómate una copa; traígo un poco más de varo. No te vayas.




