domingo, 3 de agosto de 2008
adicto
Adicto a los vicios caros, a los excesos de etiqueta, a las pieles de loba, las alfombras de cachemir, a los viejos triunfos, las viejas glorias, a las noches en que nadie te esperaba, a los días en que no esperabas esa llamada, esa voz, a esa rutina, a los paseos sin compañía, a las comidas rápidas, a ese etiqueta roja en las rocas, a ese no escatimar, a no querer volver a casa antes de que amanezca, a ese que salga el sol por donde quiera, a ese regazo sin nombre, a ese vacío, a esa sombra que te persigue y te recuerda que no eres nadie haya o no haya luz, a ese calendario con marcas de resaca los lunes, los miércoles, los jueves, los domingos y el martes y el viernes que vendrán, a ese diciembre sin navidad ni regalos, a ese pensar sólo en mí, a esa inocencia bendita, a ese canallismo impertinente, a ese futuro imperfecto sólo para uno, a ese estar siempre insatisfecho, a ese buscar un nosotros, a ese reñir con el espejo, a ese no saber qué voy a querer mañana, a ese descenso en picada, a ésa línea cortada a las 6 de la mañana, a ese amor depurado sin planes de futuro, a ese descuido hoy entre unas piernas, mañana vete tú a saber... Adicto a los tiempos en que nadie me quería, a ese “no seas hijo de puta, si me das jaque mate me enroco”, a ese duelo de titanes en cualquier somier siempre ganado, a ese amor bien pagado, son 2,500 cariño, si quieres que siga un rato en tus placeres; a esos quehaceres diarios sin obligaciones, a esas bajas pasiones a escondidas, a esas pajas diarias sin contraindicaciones, a esas depresiones en vaso largo, a esas ilusiones sin pies ni cabeza, a esas noches sin tregua, a esas drogas sintéticas, a esa pereza por follarte, a esos lujos al alcance de mi mano...




