lunes, 25 de agosto de 2008

De donde me salió el Don Juan?

Sus argumentos eran casi impecables mientras las sonrisas en las rocas y las preocupaciones picadas y hechas polvo fluían por toda la fiesta, como olas de felicidad deshinibida, desde del patio trasero a la sala, al patio delantero, a la calle, a los autos; todos con acompañantes solitarios y nocturnos, vampiros del sexo y del olor a piedras. Botes de refresco agujerado mientras que otra gente saca el ajo para entregarse a los brazos de los seres colmilludos y nocturnos.

Hablamos exactamente durante 600 segundos, yo no buscaba más que el genuino all-inclusive, sin ilusiones vanas ni decepciones fáciles. ¿Será que el diablo se me metió? y entonces como marioneta de espírutu maligno e invitador, las vibraciones del aire por mi garganta pronunciaban esas ondas sonoras que, glorioficadoramente alcanzaron las tersas fibras de labios que solo sonrieron en mi dirección, acatando la cadencia de mis palabras, pero no sé, ni me acuerdo... ¿De dónde me salieron? ¿De dónde me salió el Don Juan?